2026: EL AÑO DE LAS EXPECTATIVAS DEL ASEGURADO
El 2025 se fue dejando una estela de reclamos, decepciones y silencios incómodos. No fue un año de soluciones, fue un año de trámites, de excusas y de promesas incumplidas. Difícilmente alguien lo va a extrañar. Por eso, el 2026 llega cargado de una expectativa legítima: que el asegurado, por fin, reciba lo que la póliza promete, lo que paga mes a mes y lo que se le ofreció con palabras claras —o que al menos así parecían— al momento de contratar.
| Negativa de cobertura |
La Superintendencia de Compañías, Valores y Seguros (SCVS) ha debido enfrentar problemas que, en muchos casos, ya no son estrictamente técnicos del seguro, sino consecuencias de malas prácticas acumuladas. Más allá de la fusión de una aseguradora de Guayaquil absorbida por otra de Quito, el verdadero punto débil sigue siendo el mismo: los reclamos, especialmente en el ramo de salud, donde el asegurado se encuentra más vulnerable y menos dispuesto a aceptar evasivas.
La “Súper” aún le debe al mercado —y sobre todo al asegurado— una regulación clara y transparente de las tarifas que cobran las aseguradoras por los servicios que administran. Hoy, en la práctica, se cobra lo que la aseguradora decide cobrar. Peor aún, se termina regulando indirectamente el mercado de honorarios médicos, empujando a los asegurados hacia redes cada vez más limitadas, donde la experiencia y la idoneidad del profesional pasan a segundo plano frente a la lógica del menor costo. La buena salud no se construye con recortes, se construye con médicos capacitados, con criterio clínico y con experiencia real, no con la “economía” que hace una aseguradora a costa del paciente.
Es urgente romper el silencio alrededor de los llamados convenios de repricing, que no son otra cosa que convenios opacos entre aseguradoras y prestadores, donde se pactan valores cerrados por procedimientos, uso de quirófanos y días de hospitalización. Resulta inaceptable que una póliza prometa cubrir el 100 % de los honorarios usuales y acostumbrados, y que en la práctica un procedimiento quirúrgico reconozca montos que rozan lo simbólico. Esto no es una distorsión menor: es una negación encubierta de la cobertura.
Estas situaciones ya han sido denunciadas antes. El resultado ha sido, lamentablemente, ninguno. La SCVS mantiene un departamento de reclamos administrativos que parece operar de espaldas a la realidad del asegurado, ajeno a cómo se comercializan las pólizas y a las expectativas que se generan al venderlas. Aquí no solo se vulnera el principio de buena fe: se lo vacía de contenido.
¿Hasta cuándo la tercera edad seguirá pagando primas completas para recibir coberturas mutiladas? ¿Hasta cuándo se castigará a quien ha mantenido una póliza por diez, quince o veinte años sin reclamos, reduciendo beneficios justo cuando más los necesita? Cambiar de plan dentro de la misma aseguradora se convierte en una trampa: se excluyen preexistencias, se aplican nuevas tablas, y la historia del asegurado parece no valer nada. Todo esto ocurre en un país donde no existe una tabla oficial de honorarios médicos ni de prestaciones, dejando el terreno completamente inclinado a favor de las aseguradoras.
| SU RECLAMO HA SIDO NEGADO |
Así llega el asegurado al 2026: cansado, desconfiado, agotado de escuchar cifras incomprensibles, de descubrir que la cobertura que creía tener no es la que realmente existe, porque la verdadera póliza —la que manda— es la que interpreta y administra la aseguradora.
Mi deseo para este nuevo año no es retórico. Ojalá el 2026 marque el inicio de correctivos reales: la creación de una Intendencia General de Seguros de Salud y Vida, reglas claras, información completa y comprensible, tanto para el asegurado como para el intermediario. Con pocas excepciones, bien justificadas, y no con la letra pequeña convertida en norma.
El asegurado no pide favores. Pide respeto, claridad y cumplimiento. Está cansado.
Hasta el próximo post. ED
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